Teníamos la mesa llena de botellines vacíos de cerveza, y lo único que se oía en el salón eran apuestas sobre quién iba a pillar antes. Sonreía y me terminaba mi cerveza, era la rutina de los sábados, ir a casa de Alberto, empezar a beber y salir. "Bueno, ¿qué? Vámonos de una puta vez" dijo alguien, y todos nos levantamos para coger un taxi y salir de bares. Al llegar los más borrachos empezaron a hacer el imbécil, sonreían con cara de pervertidos a niñatas y se llevaron algún tortazo. Todos mis amigos iban bastante pedo, así que me fui solo al bar en el que trabaja un antiguo compañero de clase, a ver que me contaba. Me senté en la barra y estuvimos un rato de risas.
Había mucho niñato en el bar, supongo que era de los mas mayores del local. Las niñas me miraban y me sonreían seductoras, me descojonaba.
Estuve analizando el ambiente y vi a una chica que se intentaba quitar de encima a un pesado que la agarraba con todas sus fuerzas. La pava llevaba un vestidito amarillo que le quedaba de lujo, y era bastante guapa, parecía más mayor que cualquiera de sus amigas. Le busqué la mirada y le guiñé un ojo. Me sonrió y fui a ayudarla, me hice pasar pos su novio y el tío que la agarraba huyó en cuanto me vio.
La chica estaba buenísima y no hacía más que tirarme fichas. Me dijo lo de "he perdido a mis amigas" y la acompañé a casa. Me dio su número, me dijo que se llamaba Laura y que tenía 23.
A la mañana siguiente me había mandado un petición a Instagram. Me hizo mucha gracia, tenia puesto en biografía su año de nacimiento y en realidad tiene 18 añitos. Aunque es demasiado pequeña me pareció una buena chica, no sé, alomejor le mando un whatsapp, o no, ya veré.
domingo, 5 de abril de 2015
#1 Recuerdos de lo no vivido.
Móvil, cartera, tabaco y llaves. Ya tenía todo en el bolso, así que cerré la puerta y me fui a buscar a Marta. Y nos fuimos de fiesta como cualquier sábado. Me puse el vestido amarillo porque es con el que más guapa me veía, pero esperaba que fuera una noche tranquila con los de siempre y ya.
No faltaron miradas de babosos para ninguna de mis amigas, ni piropos, los que algunas respondían con insultos y otras simplemente ignoraban. Nos quedamos en un bar bailando, bebiendo y fumando, entraron los novios de dos de mis amigas y se fueron con ellos. Ángela me presentó a un amigo suyo, guapo, pero un soplapollas. No hacía más que agarrarme de la cintura y me puso de los nervios. Un chico que estaba en la barra notó que estaba incomoda, me guiñó un ojo y yo resoplé y le sonreí. Se acercó y me dijo: "Hola cari, ¿qué tal estás?" y me dio un beso en la mejilla. Era un tío bastante grande, fuerte y muy atractivo. En cuanto le vio el amigo de Ángela darme el beso se esfumó.
Me reí y le dije que muchas gracias, que no conseguía librarme de él. Me pareció guapísimo, y nunca he sido tímida, así que intenté sacar conversación de cualquier cosa para ligar. Le vi bastante interesado en mí. Se llamaba Marco y me pasaba siete años. Le dije que yo tenía 23, que solo me pasaba 2 años, pero era mentira.
Estuvimos hablando bastante rato, tanto que no me dí cuenta de que mis amigas se habían ido. "He perdido a mis amigas", sonó a excusa barata para que me acompañara fuera, a dar esa típica vuelta que todos los chicos te sugieren en el bar y siempre se queda en el primer portal escondido que encuentran. Y eso pasó. Me acompañó fuera y "dimos una vuelta". Me pidió mi número y me acompañó a casa. Luego se fue.
Al día siguiente no paré de pensar en él. Me pareció un chaval simpático, gracioso, maduro... y sin hablar de que tenia un físico perfecto. No sé, me gustó más de lo que cualquier otro me había gustado antes. Pero ahí se había acabado todo. No creía que yo le hubiera gustado como él a mí, así que daba por sentado que no me iba a mandar ningún whatsapp, ni me iba a aceptar la solicitud de Instagram. Solo esperaba encontrármelo algún otro día y volver a hablar.
No faltaron miradas de babosos para ninguna de mis amigas, ni piropos, los que algunas respondían con insultos y otras simplemente ignoraban. Nos quedamos en un bar bailando, bebiendo y fumando, entraron los novios de dos de mis amigas y se fueron con ellos. Ángela me presentó a un amigo suyo, guapo, pero un soplapollas. No hacía más que agarrarme de la cintura y me puso de los nervios. Un chico que estaba en la barra notó que estaba incomoda, me guiñó un ojo y yo resoplé y le sonreí. Se acercó y me dijo: "Hola cari, ¿qué tal estás?" y me dio un beso en la mejilla. Era un tío bastante grande, fuerte y muy atractivo. En cuanto le vio el amigo de Ángela darme el beso se esfumó.
Me reí y le dije que muchas gracias, que no conseguía librarme de él. Me pareció guapísimo, y nunca he sido tímida, así que intenté sacar conversación de cualquier cosa para ligar. Le vi bastante interesado en mí. Se llamaba Marco y me pasaba siete años. Le dije que yo tenía 23, que solo me pasaba 2 años, pero era mentira.
Estuvimos hablando bastante rato, tanto que no me dí cuenta de que mis amigas se habían ido. "He perdido a mis amigas", sonó a excusa barata para que me acompañara fuera, a dar esa típica vuelta que todos los chicos te sugieren en el bar y siempre se queda en el primer portal escondido que encuentran. Y eso pasó. Me acompañó fuera y "dimos una vuelta". Me pidió mi número y me acompañó a casa. Luego se fue.
Al día siguiente no paré de pensar en él. Me pareció un chaval simpático, gracioso, maduro... y sin hablar de que tenia un físico perfecto. No sé, me gustó más de lo que cualquier otro me había gustado antes. Pero ahí se había acabado todo. No creía que yo le hubiera gustado como él a mí, así que daba por sentado que no me iba a mandar ningún whatsapp, ni me iba a aceptar la solicitud de Instagram. Solo esperaba encontrármelo algún otro día y volver a hablar.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Hoy te escribo,
porque pienso en aquello. Porque ya no beso como antes, porque estoy triste, porque hoy es domingo y de todos es sabido que son nostálgicos por naturaleza.
¿Qué tal todo? ¿Cómo te va? Sé que bien, que eres feliz. Y me alegro mucho por ti y por los tuyos.
Yo estoy bien, no me quejo. Tengo todo lo que me hace falta y por ahora todo me va muy bien. Pero no consigo desprenderme de esta penita que me da recordarte.
Y es que desde entonces ya no siento como sentía, ni quiero lo que antes quería. Tú eres los olores de la calle, los sabores más dulces, la llovizna de otoño. Eres lo que me quedó cuando me rompiste los esquemas.
Daría muchas cosas por volver a verte, pero tampoco pienses mal. Ya no te echo de menos a ti, sino a mi cuando estaba contigo.
Espero que te llegue esta carta, ¿me escribirás de vuelta? ¿Pensarás en lo que podíamos haber sido los domingos?
Te quise,
María.
¿Qué tal todo? ¿Cómo te va? Sé que bien, que eres feliz. Y me alegro mucho por ti y por los tuyos.
Yo estoy bien, no me quejo. Tengo todo lo que me hace falta y por ahora todo me va muy bien. Pero no consigo desprenderme de esta penita que me da recordarte.
Y es que desde entonces ya no siento como sentía, ni quiero lo que antes quería. Tú eres los olores de la calle, los sabores más dulces, la llovizna de otoño. Eres lo que me quedó cuando me rompiste los esquemas.
Daría muchas cosas por volver a verte, pero tampoco pienses mal. Ya no te echo de menos a ti, sino a mi cuando estaba contigo.
Espero que te llegue esta carta, ¿me escribirás de vuelta? ¿Pensarás en lo que podíamos haber sido los domingos?
Te quise,
María.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Y le dejó.
Como si fuera un desconocido en la parada del autobús, o un mendigo, al que se ignora mientras pide para comer. Le dejó sin palabras, sin motivos, sin ganas. Sin explicaciones, sin excusas, sin arrepentimiento. Prefirió tristes tardes de invierno a una relación rota.
viernes, 31 de octubre de 2014
Echo de menos.
Echo de menos tantas cosas. La brisa, el mar y el sol. Las noches de verano y los cruzes de miradas en los bares repletos de gente. Echo de menos besos, y digo besos, no besar. Y palabras, o silencios en los que las palabras bastaban. Noches de no dormir y de soñar. Echo de menos caras, personas y momentos. Pero también siento que echo de menos cosas que nunca he tenido. Las caricias de gente que todavía no conozco, viajar por el mundo. Quieró más. Más de todo. De ti y de todos. De mi y de todo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)